En el avance de la pandemia, las mujeres y las niñas enfrentan riesgos cada vez más intensos

por ONU México | 19 marzo 2020 a las 19:17
Unsplash/Tam Wai

Mientras la pandemia COVID-19 hace estragos en todo el mundo, los Gobiernos toman medidas sin precedentes para limitar la propagación del virus, intensifican las respuestas del sistema de salud y anuncian restricciones de circulación que afectan a millones de personas, pero en medio de estos esfuerzos, las autoridades no deben perder de vista la vulnerabilidad de las mujeres y las niñas, que han sido exacerbadas por la crisis, afirma una nota de orientación del UNFPA publicada hoy.

El COVID-19, la enfermedad del coronavirus que se ha extendido rápidamente por todo el mundo desde que fue descubierta a finales del pasado año, parece más mortal entre poblaciones ancianas y personas con condiciones médicas preexistentes. Todavía se necesitan datos precisos y completos desglosados por sexo para entender si hombres y mujeres padecen la infección, las complicaciones y los riesgos de muerte de manera distinta, y el modo en que los padecen.

No obstante, incluso ahora es evidente que las mujeres y las niñas enfrentan una variedad de factores de riesgo que deben tratarse con carácter de urgencia.

“Los brotes de la enfermedad afectan a las mujeres y a los hombres de manera distinta”, dice el nuevo documento de orientación del UNFPA, que abarca la manera en que el género desempeña un papel en la evolución de la pandemia. “Las pandemias empeoran las desigualdades de género ya existentes para las mujeres y las niñas, y pueden  afectar la forma en que reciben tratamiento y cuidado”.

Las mujeres representan la mayor parte del personal de atención médica
y de servicios sociales en el todo mundo. Imagen cortesía del UNFPA Irán

Las mujeres en primera línea

Las mujeres pueden enfrentar mayor riesgo de exposición al COVID-19 debido a su desproporcionada representación entre el personal de atención médica y servicios sociales. En todo el mundo, cerca del 70 % del personal de atención médica y servicios sociales son mujeres. Muchas son parteras, enfermeras o trabajadoras sanitarias de la comunidad, funciones que las colocan a la vanguardia ante un brote de enfermedad.

Los riesgos para las mujeres y las niñas también aumentan si los sistemas de salud desvían recursos de la atención de la salud sexual y reproductiva para responder a la epidemia, y si las líneas de abastecimiento comienzan a deshacerse bajo el peso de la pandemia.

Los servicios y productos de salud sexual y reproductiva son a menudo pasados por alto en tiempos de crisis; sin embargo, las mujeres siguen necesitando planificación de la familia, suministros sanitarios menstruales y atención de la salud materna. Ya hay países cuyos sistemas de salud se han visto obligados a volcar personal y recursos hacia servicios de cuidados críticos en perjuicio de otras áreas de atención.

Se trata de un momento particularmente preocupante para las embarazadas y las mujeres que necesitan servicios de salud de rutina. Se deben tomar medidas de control de la infección para proteger a las mujeres en unidades de salud prenatal, neonatal y materna, indica la nota de orientación.

Las embarazadas también necesitan acceso a información fiable y atención de calidad.

“Hasta la fecha no hay pruebas de que las embarazadas estén en mayor riesgo de contraer la enfermedad del COVID-19 de manera grave, ni de que presenten síntomas diferentes”, aclaró la Directora Ejecutiva del UNFPA, Dr. Natalia Kanem; quien recalcó que “es importante asegurar que todas las embarazadas de que quienes se sospeche, se piense que haya probabilidad o se haya confirmado la infección de COVID-19 sigan teniendo acceso a la gama completa de cuidados de salud de calidad. A las embarazadas con enfermedades respiratorias debe dárseles la máxima prioridad, debido al aumento del riesgo de efectos negativos sobre su salud”.

Riesgo de violencia, medios de subsistencia afectados

La pandemia también ha dado lugar a amenazas que se extienden más allá del riesgo de infección.  Pruebas de brotes epidémicos anteriores revelan que las mujeres y las niñas son especialmente vulnerables.

En el brote de zika de 2015-16, las mujeres enfrentaron grandes obstáculos a la atención de la salud debido a la falta de autonomía respecto de su propia salud sexual y reproductiva, la falta de acceso a servicios de salud y la insuficiencia de recursos económicos. Durante el brote de ébola de 2014-2016 en África occidental, las mujeres tenían más probabilidades de quedar infectadas debido a su papel predominante como cuidadoras y trabajadoras de la salud.

Hoy en día, la pandemia del coronavirus podría exigir un alto precio en términos de los medios de subsistencia de las mujeres, ya que los cierres de escuelas aumentarán la carga de cuidados domésticos que normalmente recae sobre las mujeres, lo mismo que las restricciones a los viajes que afectan a las industrias de servicios y de mano de obra informal, dominadas por mujeres trabajadoras.

Las epidemias y las tensiones concurrentes también pueden aumentar el riesgo de abuso doméstico y otras formas de violencia basada en el género. Los efectos económicos del brote de ébola, por ejemplo, dieron lugar a una exacerbación de los riesgos de explotación sexual de mujeres y niños. En el presente, y en la medida en que familias enfrentan un aumento de las tensiones, de la incertidumbre económica y presiones de otra índole, las mujeres y las niñas enfrentan una creciente intensificación de sus vulnerabilidades.

El UNFPA insta a las autoridades a incluir las perspectivas de las mujeres en la planificación y la toma de decisiones de cara a la pandemia. Instamos por igual a los sistemas de salud a estar preparados para prestar apoyo esencial a las supervivientes de la violencia basada en el género.

“Todas estas sobrevivientes requieren acceso a servicios de salud y de protección incluso en medio de las cuarentenas comunitarias”, manifestó Aimee Santos, experta en cuestiones de género del UNFPA que trabaja en Filipinas, donde la organización está colaborando con los servicios de salud del Gobierno en la respuesta a la pandemia.

Trabajando unidos

Todas estas vulnerabilidades se ven exacerbadas en entornos humanitarios. “Para los casi 48 millones de mujeres y niñas, incluidas 4 millones de embarazadas, identificadas por el UNFPA como necesitadas de asistencia y protección humanitaria en 2020, aumentarán los peligros que plantea el brote de COVID-19”, plantea la nota de orientación, que pide planes de acción humanitaria para dar cuenta de la necesidad de responder a la pandemia.

Además de promover la necesidad de respuestas sensibles a las cuestiones de género, el UNFPA ha venido suministrando apoyo material a los sistemas de salud.

En China, el UNFPA ha distribuido toallas sanitarias y pañales para adultos para las poblaciones vulnerables, incluidas las personas mayores en riesgo, así como equipos de protección personal para los trabajadores de la salud. En Irán, el UNFPA ha adquirido suministros tales como máscaras, desinfectantes y guantes para los trabajadores de la salud.

En Filipinas, el UNFPA recientemente entregó a los trabajadores de salud de primera línea equipo de protección personal que incluyó monos, batas de manga larga, protectores faciales, anteojos protectores, delantales, cubrecabezas y cubrecalzado. Estos suministros complementan una entrega anterior de termómetros de mano y máscaras quirúrgicas.

“Es imperativo que apoyemos [al Departamento de Salud] y a todos los héroes de este país en el día de hoy; todas las personas que trabajan en el sector de la salud, especialmente el personal de primera línea, arriesgan su salud y seguridad para responder a esta emergencia. Hay que protegerlos de la infección”, remarcó el Dr. Joseph Michael Singh, experto en salud del UNFPA en Filipinas.